A mi hermano

Tengo toda la vida esperando que me saques.

Que me saques de allí donde alguien más me puso.

Que me saques de aquí donde yo misma me metí.

Es injusta mi demanda.

Tú tenías ocho y después diez y después quince y tal vez veinte.

Es injusta mi demanda.

Las opciones eran dos.

Mi única opción eras tú. Mi hermano mayor, el inteligente.

La otra opción me puso allí y se puso ella misma en un lugar tal vez peor.

No te culpo por querer lo que yo tuve, sin saber que era.

Pasó el tiempo y no llegaste.

Pasó el tiempo y me salí. Con mis propias fuerzas, de músculos que tú endureciste, me salí.

Te agradezco lo que hiciste por mí, sin saberlo.

Te reclamo injustamente que no hicieras más.

Tú eras y eres mi hermano mayor. Tanto tiempo ha pasado y aún mi única opción.

Es injusta mi demanda.

Tú cargas tu propia cruz, tan pesada como cualquiera.

Es injusta mi demanda. Sí, es injusta, pero es.

Sácame.

Avoiding

I go through great lengths to avoid getting to know you. Yet there you are, unequivocally yourself, and I keep choosing not to see you.

Why? You ask. Fear, I respond. Fear that if I truly saw you, after all this time, I would hate what I see and hate myself for it.

Russian Doll

Picture a Russian doll with tens of smaller dolls each one inside the other. Now picture an elevator going exactly through the middle top to bottom. This is how I picture my inner self.

The exterior is there for anyone to see, but inside, the elevator doors open only on some floors for some people. The walls on the dolls are made of wood, some thicker than others. You have to enter the floor and walk around to see what is in each one.

There is someone with access to my most intimate secrets, yet they don’t know what I like to read about. There is another that knows when I am sick or longing, but ignores what makes me laugh.

I sometimes get lost in the inner floors and can’t find my way back up. Sometimes I keep making the outer doll nicer and then can’t figure out how to crawl back inside.

I have dreams of elevators that go sideways, I wonder if my dolls would look the same this way. Why would this even matter?

Some floors I have never entered and in others the elevator just doesn’t stop.

The smaller doll is empty, I long to go there but fear staying too long. If I ever loose my mind, which floor would be holding it?

Choice

It doesn’t matter who you choose

As long as you choose them for them

And allow them to choose you for you

Easy

I thought writing would be easy if I only found the time. Now with all the time in the world, writing feels like open heart surgery. Literally and figuratively.

Ciao Nena

Mienteme

Algunos poetas y cantores hablan de mentir como un acto de amor. Mentir y no clavar una daga profunda en el corazón del otro. Mentir y que siga viviendo en la felicidad constante y absoluta de la ignorancia.

Si la verdad fuera romántica, hablarían de revelar. Dejar que el otro vea a toda luz. Clavarle la espada de la verdad. Obligarle a vivir en la felicidad ambigua e intermitente de la realidad.

A mi, mienteme. Mentir es verbo, verdad es sustantivo.

Being a Mother

I will go from being the one that keeps you alive, to being your source of comfort, to being the love of your live, to being your captor, to being your annoyance, to being someone to tolerate, to being someone you would like to get to know better, to being your inspiration, to again being the love of your live and finally to being the one you wish you could keep alive.

You will go from being the love of my life, to being my entire life. That’s it.

El Duende y el Pajarito

Érase una vez un bebe pajarito que vivía en un gran nido en el tope de un árbol de palma. El nido era tan grande que en él vivían el pajarito, con su mamá, su papá y sus cuatro hermanos. También vivían allí sus primos, sus tíos y sus abuelos y unos cuantos otros pajaritos que quién sabe quiénes eran. Todos trabajaban diariamente, construyendo recamaras, reforzando las paredes y cubriendo los huecos del techo, un gran esfuerzo para poder disfrutar de una casa grande y segura para todos.

Pero había alguien que no vivía en el nido, ni ayudaba a mejorar las cosas. Era un duende que todas las noches visitaba al pajarito para pedirle una pluma.

  • Tu eres el pajarito que tiene las plumas más lindas de todos los pajaritos del mundo. Eres especial e importante, por eso necesito una de tus plumas, y de nadie más, para ser feliz. – le decía el duende cada vez que llegaba al nido.

Al sacar la plumita dolía, y el pajarito pensaba que el duende estaría muy triste si se negaba a darle la plumita. Al fin de cuenta, él tenía muchas plumas y el duende no.

El duende lo acariciaba con ternura y le decía lo feliz que estaba con su pluma nueva del pajarito más lindo del mundo.

  • No lo cuentes a nadie, es nuestro más preciado secreto y no queremos que otros quieran que me quede con sus plumas y no con las tuyas. Además, no te preocupes, no pasa nada, muy pronto saldrán plumas nuevas y si algún día llegas a necesitar esta pluma yo estaré aquí para devolvértela y ponerla de nuevo en su lugar.

Le daba un beso y se iba.

En las mañanas, el pajarito miraba a sus hermanos aletear y jugar en el nido. Jugaban a tomar su primer vuelo y reían mientras se pisaban unos a otros. A veces pensaba en unirse al juego, pero tenía miedo de arruinar sus lindas plumas y que luego al duende no les gustaran. Mejor se quedaba muuuy tranquilo mirando el juego con deseos de jugar.

Cada dia por varios días, el duende entraba en el nido y le arrancaba la plumita. El pajarito prefería hacerse el dormido para no verlo llevarse sus plumas y para no tener que decirle que eso dolía.

Un día, el pajarito decidió atreverse a jugar con sus hermanos. Oh wao, eran muy rápidos y fuertes. Movían sus alas sin parar y saltaban una y otra vez sobre él.

  • Este juego no me gusta ni un poco- pensó el pajarito.

Entonces, mientras uno de sus hermanos se abalanzaba hacia él, el pajarito retrocedió dando tres saltitos, uno, dos, oh oh… el tres le alcanzó cuando cayó al suelo, muy, muy, muy lejos debajo de nido.

El pajarito miró hacia arriba, luego movió las alitas tan rápido como pudo para intentar volar, pero no pasó nada.

  • Bueno, pensó el pajarito, los pajaritos pequeños no pueden volar. Pero también recordó a sus hermanos que estaban a punto de lograrlo y él no.

Con mucho miedo, dio saltitos hasta llegar a un árbol que estaba cerca de su palma y se metió en un huequito para esperar la noche.

  • ¡Mi duende me rescatara! pensó, irá al nido y verá que el pajarito de las plumas más lindas no está. De seguro que preguntara por mi y saldrá con todos a buscarme. Debo quedarme cerca de la palma para que me vea cuando baje.

En efecto, al caer la noche el duende fue al nido a buscar su pluma. Cuando no encontró al pajarito, tuvo miedo de que alguien más lo viera en el nido. Nadie sabía que ellos compartían un secreto. Además sabía que la mamá pajarito se pondría furiosa si supiera que le había estado quitando plumas a su hijo. Salió muy silenciosamente y decidió no regresar por algún tiempo.

Al otro día, el pajarito con hambre y frío salió del hueco del árbol y miró a su mamá y a su papá sobrevolando los alrededores de la palma. Sus hermanos también habían comenzado a volar en círculos. Su familia había salido a buscarlo.

El pajarito respiro lo más profundo que pudo y luego grito – MAMA!

Su mamá lo escuchó y bajó rápidamente al suelo. Allí vio a su pequeño pajarito. Se acercó y lo envolvió con sus alas muy feliz de verlo. Luego le dio un empujoncito para que comenzara a volar.

El pajarito, feliz de ver a su mamá, intentó volar, pero no pudo. Desconcertada, la mamá notó que sus alitas estaban heridas y que le faltaban muchas plumas. Sus ojos se llenaron de lágrimas mientras trataba de descifrar qué había pasado.

  • No te preocupes mama, pronto pondré de nuevo mis plumas. – dijo el pajarito
  • ¿Quién te dijo que las plumas pueden volver a ponerse? – preguntó la mamá.
  • No te puedo decir, es un secreto muy muy importante. Mi más preciado secreto.

La mamá no dijo nada más y llamó a la familia para que todos vinieran a ayudar. Hicieron un plan para cuidarlo hasta que salieran plumitas nuevas..

El pajarito estaba feliz de que su familia lo cuidara. Igual pensaba que de seguro esa noche el duende vendría a devolverle sus plumas.

A la mañana siguiente, el pajarito estaba muy triste porque su duende no vino a ayudarlo, pensó que tal vez se había enfermado o se había perdido.

  • ¿Por que estas triste mi pajarito?, pregunto la mamá
  • Es un secreto – le respondió, pero ya tenía muchos deseos de contarle.
  • Hagamos algo, dijo la mamá, prometo cuidar tu secreto como mi más preciado secreto y no contárselo a nadie, ¿te parece?

Entonces el pajarito asintió y con lágrimas en los ojos comenzó a contarle a su mamá que estaba esperando al duende que se había llevado sus plumas y que prometió devolverlas cuando las necesitara y le contó que ahora estaba preocupado de que el duende no vendría.

Sorprendida, la mamá le preguntó más sobre el duende y el pajarito le contó toda la historia.

Entonces su mama le dijo:

  • Una vez se quita una pluma, no hay nada en el mundo que la pueda poner de vuelta. Esa pluma se pierde para siempre. Hay que esperar entonces a que el cuerpo sane y a que una nueva pluma crezca en su lugar. A veces nunca más vuelve a salir. El duende te ha mentido para quedarse con tus plumas para siempre.

Desconsolado, el pajarito se fue dando saltitos en la tierra hasta su huequito en el árbol. Estaba muy confundido y muy triste de pensar que el duende nunca volvería. De pensar que el duende le había hecho daño, y de pensar que ahora no le importaba.

Pasaron los días y el pajarito, con la ayuda de su familia recuperó sus fuerzas y sus plumas y una buena tarde, ¡voló por primera vez! Un vuelo de una vía hacia su nido que tanto había extrañado.

Cuando llegó al nido, se dio cuenta de que la familia había crecido y que habían bebes pajaritos nuevos al lado. Todos estuvieron muy felices de recibirlo.

Esa noche, mientras dormía, escuchó un ruido en el nido del al lado, se acerco y escucho que el duende decía:

  • Tú eres el pajarito que tiene las plumas más lindas de todos los pajaritos del mundo. Eres especial e importante, por eso necesito una de tus plumas, y de nadie más, para ser feliz.

Enfurecido, el pajarito, que ya no era un pajarito, despertó al resto de la familia y fueron todos a afrontar al duende. El duende sorprendido, intentó huir, pero todas las aves del nido se habían reunido y lo tenían acorralado.

El duende entonces se puso a llorar y juro que no estaba haciendo nada. La mamá pajarito, se acercó y le dio tres grandes picotazos en la cabeza. Luego, entre todos lo cargaron y lo llevaron lejos del nido. Lo dejaron a la orilla del mar y lo cegaron para que nunca más volviera a ver otra pluma de un bebe pajarito.

El duende lloraba desconsolado, el pajarito se acercó y le dijo:

  • Las plumas no se pueden volver a pegar, igual que tus ojos nunca volverán a ver. – Entonces dió la vuelta y se fue.

Todos regaron la voz del duende ladrón de plumas y estuvieron alerta por muchos días, pero nunca jamás se volvió a saber de él.

Pasado el tiempo, el pajarito tuvo sus propios pajaritos y todas las noches les decía:

  • Las plumas sacadas no se pueden poner de vuelta. No permitas que nadie te arrebate lo que es únicamente tuyo: tu cuerpo y tu espíritu.
  • Algunos secretos tienen que contarse, incluso los secretos más preciados.

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